EI NEWS #20

La planificación energética y el rol del Estado: decisiones desde el presente para un mejor futuro

 

#DATOS

80% de la energía mundial proviene de los hidrocarburos

53% del consumo energético en Argentina corresponde al gas natural y el 31% al petróleo

14% de la matriz energética argentina corresponde a energías renovables, mientras que —a partir del desarrollo de Vaca Muerta— el gas continuará siendo un pilar central del abastecimiento.

Fuente: Fuente: Situación Petróleo y Gas. Argentina (BBVA Research, 2025)

#DATOS

80% de la energía mundial proviene de los hidrocarburos

53% del consumo energético en Argentina corresponde al gas natural y el 31% al petróleo

14% de la matriz energética argentina corresponde a energías renovables, mientras que —a partir del desarrollo de Vaca Muerta— el gas continuará siendo un pilar central del abastecimiento

#voces

Sabino Mastrángelo

 

Coordinador académico de las Certificaciones en Energía.

Una planificación integrada del sistema energético es un factor clave para que los países puedan alcanzar un desarrollo sustentable. En Argentina, la planificación estratégica del sector ha fluctuado en función de los cambios económicos y políticos de las últimas décadas, tanto a nivel nacional como internacional. En el plano interno, influyeron las reformas neoliberales, el retorno de las nacionalizaciones, la necesidad de una balanza energética positiva y los enfoques que resaltan el carácter estratégico del sector. En el externo, incidieron la disponibilidad de distintos hidrocarburos (GN), la variación de los precios de los combustibles (CM, GNL, petróleo y derivados), los ciclos económicos y los factores asociados al cambio climático. Como resultado, las unidades de planificación energética atravesaron períodos de fortalecimiento y otros en los que sus funciones fueron prácticamente inexistentes.

El análisis de estas transformaciones demuestra que existen ciertos requisitos que debe cumplir la actividad energética y que, por su naturaleza, demandan necesariamente la intervención del Estado. En particular:


● el desarrollo de un análisis sistemático y multidimensional, que incluya aspectos técnicos, socioculturales, geopolíticos, económicos, tecnológicos y ambientales, así como el estudio de los recursos y de los procesos sociales de producción, transformación, transporte, transmisión, distribución y consumo de energía; y


● la disposición de bienes estratégicos con altos costos fijos, dado que las industrias energéticas se caracterizan por ser altamente intensivas en capital invertido y por poseer períodos de vida útil económica del orden de 25 a 60 años, muy superiores a los de la mayoría de las inversiones y plazos de recuperación de capital de otros sectores industriales. Esta particularidad se ve fuertemente condicionada por los horizontes temporales que imponen los mercados financieros.
En este contexto, resulta fundamental definir con claridad el marco regulatorio que orientará el funcionamiento de los activos durante toda su vida útil. También es necesario considerar la coexistencia y evolución de distintas formas de mercado, que pueden ir desde la competencia casi perfecta hasta el monopolio u otras estructuras oligopólicas. Por esta razón, es necesario contemplar también aquellos aspectos vinculados con: la vulnerabilidad y la seguridad energética; el uso de recursos naturales de dominio social; la coordinación y expansión de las cadenas energéticas, y la articulación entre nichos tecnológicos y estrategias de desarrollo regional.


La planificación energética es un proceso continuo; un plan carecerá de valor si las estrategias no son efectivamente ejecutadas y monitoreadas. Es decir, para alcanzar los resultados esperados, es necesario verificar el progreso de los planes, alinear recursos e implementar los ajustes que sean necesarios. En toda planificación de este tipo siempre existe cierto nivel de incertidumbre; ello demanda la realización de revisiones periódicas, a medida que se dispone de diferentes consideraciones de valor, y el ajuste del plan en función de la resolución de las variables inciertas.


En suma, un plan energético contribuye significativamente a orientar las actividades para un mejor aprovechamiento de los recursos del sistema, especialmente, en tiempos de elevada incertidumbre. Planificar permite reducirla y, al mismo tiempo, identificar las opciones más adecuadas y robustas a seguir. Para avanzar en esta dirección, se requiere flexibilidad. El desarrollo de un plan no implica renunciar al dinamismo, sino que lo potencia, ya que permite tomar decisiones oportunas y robustas.


En este marco, el rol del Estado y la articulación con los distintos actores del sistema son fundamentales. Contar con instituciones sólidas, con responsabilidades claras y capacidad de coordinación, es una condición necesaria para asegurar que los planes energéticos se concreten y contribuyan al desarrollo de los países.

 

#eventosyrecursos

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